Lo vimos saltar dentro de su prisión de cristal. Se revolvía, inquieto. Pensaba en escapar cuando tuviera la primera oportunidad pero el aire azul que lo envolvía no le dejaba escapar. En el exterior, lejos de su cristal, no había aire azul y, de hecho, parecía no haber aire.
Nos miraba con atención desde su azulado ser. Parecía querer hablarnos y sufrir por no poder. Subestimaba nuestro poder de inteligencia y se lamentaba por vivir prisionero de seres tan inferiores.
El pobre delfín dejó fluir un quejido, largo y doloroso. Meditó un poco su situación y decició que el plan de fuga debía posponerse un poco, el menos hasta la noche, cuando ya no había tata gente molesta en el zoológico.
Kissu Oshitari~