Su instinto maternal fue increíble, sólo empezó a perseguirme sin, en apariencia, percatarse de que yo era más grande, más fuerte y más hábil. Nada le importó a esa gallina, sólo fue tras de mí para recuperar a su pollo.
Recuerdo que se esponjó mucho, como para hacerme creer que era más grande y que eso me asustara. Su mirada era diabólica, me veía con odio, me amenazaba, me intimidaba. Y corrió como velocista, rápida y ligera, decidida a matarme si no le devolvía lo que por derecho le correspondía.
Yo corrí despavorida. Grité sin soltar al pollo, aplastándolo, mojándolo con mi sudor. Quería apoderarme de él, quedármelo y criarlo, como a un hijo. Así que no lo solté, di una vuelta y la gallina seguía persiguiéndome con las mismas ganas.
Y lo solté. Sólo lo dejé caer cuando ya no vi escapatoria, cuando parecía acorralarme y se le veían muchas ganas de asesinarme a picotazos, duros y doloros picotazos.
Esa gallina bajó su plumaje y cambió la mirada, tomó a su hijo y volteó hacia mí como para advertirme, amenazarme y recordarme que no quería verme cerca de sus hijos, de ninguno. Luego se acercó a la cerca y mantuvo a todos bajo su vigilia. Al menos ella creyó que a todos...
Kissu Oshitari~